Identidad de Género

Un día en la vida de una niña transexual

 

 

 

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Estando sola en la casa pongo mi disco de Parchís, corro al ropero donde están las ropas de mis hermanas y me empiezo a quitar estos horribles pantalones, playeras, zapatos, calcetines, ropa interior. Escudriño el guardarropa, encuentro un vestido azul pastel que me encanta, me pongo la ropa interior,  me pongo el vestido y unas zapatillas enormes, me voy al espejo y me miro ¡ahí estoy yo, esa soy yo!.  Bailo al ritmo de la música, doy vueltas para que el vestido se alce como si fuera una flor, se ve lindo. Pasa el tiempo y tengo que volver a desaparecer antes de que venga mamá que seguramente ya sabe que me quedo en la casa a propósito. Guardo todo como si no hubiera pasado nada. Me voy a jugar con mis juguetes. Todos muñequitos de plástico que llenan para mí el vacío por no tener muñecas. Llega mi mamá del mercado, me trae una gelatina de mis favoritas, yo soy su “consentido” , toda mi familia me lo champa en la cara pero eso por un lado se me escurre pero por otro le guardo resentimiento a mis hermanos. Hablo con mi mamá como si fuésemos dos grandes amigas, me cuenta como era su infancia en la provincia, llena de árboles frutales, caminos de tierra, casitas de doble teja y luego se va a hacer sus quehaceres, a lavar, hacer la comida, yo estoy a su lado, quiero ser como ella. Es hora de estudiar, tiempo para fugarme y pensar que soy la princesa de un país donde mis mascotas hablan, cantan, donde tengo un cuarto con una hermosa cama un tocador con un gran espejo, tengo diademas, pulseras, aretes, y un gran closet con muchos vestidos bonitos. El sueño se va, llega el otro, una varita mágica me convierte en lo que soy o de repente mi familia me dice “no eres niño, eres una niña pero teníamos que esconderte” entonces salgo por fin a la calle como yo soy, corro por la calle, las niñas juegan conmigo por fin, los niños no me hacen nada, mis maestras me abrazan, voy a la escuela sin miedo, soy libre, el sueño se va. Abro los libros, pongo un recorte de mi cara en las ilustraciones de niñas, la pequeña Lulú, Mafalda, las ilustraciones de los libros de texto. Decido hacer la tarea para no meterme en problemas. La termino y ya es hora de ir a bañarme, desnuda veo esa maldita cosa colgando entre mis piernas, la hago para atrás, la odio, tengo que lavarme ahí también, que sea rápido. Después es hora de dormir. Duermo aún junto a mi mamá, mi papá no fue a la casa esa noche. Me siento protegida aunque mis hermanos digan que ya debo dormir sola, su rollo ya me tiene hasta la cabeza. El próximo día a clase, siento escalofrío de recordarlo, Ahí estarán esos 4 chicos que me hacen la vida de cuadritos, que me voy a tener que pasar pronto para que no me vean , que voy a tener que estar a las vivas para que no hagan nada. Quieta, callada: la fila de niñas donde debería de ir, si me voy para allá me correrán las niñas, hasta ellas se portan mal conmigo. Maldigo mi suerte. Trato de controlar los tics nerviosos que me dan desde que era muy chica, ¿porqué una niña tan pequeña tiene tics nerviosos?. Pasamos a clases, aventones, jalones, con los niños que me llevo bien no hay problema, pero Marcos, mi amigo “del alma” me dejó de hablar desde que el reprobó año y yo pasé, el muy mugroso lo salude y el me dijo “ah, hola, adios” y de ahí en adelante sola en la maldita escuela. Tenía que ser protegida por mi maestra que me quería mucho, para ella yo también era su “consentido” cosa que les caía mal a los demás niños y niñas pero no siempre podía estar al cuidado de mi maestra, así que tenía que andarme escondiendo de mis agresores a toda hora. Fué una infancia horrible, sólo fugándome pude sobrevivir.

 

 

 

 

 

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