Identidad de Género

Transexualidad. Géneros distintos: cerebros distintos.

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ÉL, ELLA  

 

Por Larry Cahill 

 

 

 El cerebro masculino y femenino son bien diferentes en términos de arquitectura y actividad. Investigaciones sobre esas variaciones pueden llevar a tratamientos más adecuados a cada sexo para tratar problemas como la depresión y la esquizofrenia. 

Cierto día en Río de Janeiro, Lawrence Summers- presidente de la Universidad de Harvard- sugirió que las diferencias innatas entre el cerebro masculino y femenino podrían ser un factor determinante para explicar la relativa escasez de mujeres en la ciencia. Las declaraciones provocaron un debate cuyo desarrollo tiene ya un siglo, desde que los científicos que medían el cerebro de ambos sexos comenzaran a apoyar la idea, basados en la principal conclusión- ya que el cerebro femenino tiende a ser menor- de que las mujeres son intelectualmente inferiores a los hombres. 

Hasta hoy nadie tiene evidencia de que la diferencia anatómica cerebral impide a la mujer conseguir distinciones académicas en matemáticas, física o ingeniería. Y el cerebro del hombre y de la mujer son muy semejantes en muchos aspectos. Por otro lado, a lo largo de la última década, investigadores que estudian cuestiones diversas desde el procesamiento del lenguaje hasta el comportamiento, pasando por la forma de expresar los sentimientos mediante la escritura, también revelan una serie impresionante de diferenciación en la estructura, química y funcionamiento entre el cerebro del hombre y de la mujer. 

 

Estas diferencias no son sólo curiosidades para explicar por qué a los hombres les gusta más “Três Patetas” que a las mujeres. Estas diferencias suscitan las posibilidades que precisamos para encontrar tratamientos específicos de acuerdo con su sexo para la depresión, adicciones, esquizofrenias, trastornos de stress post-traumático,etc. Estudiosos de la estructura y del funcionamiento del cerebro deben tener en consideración el sexo de sus objetos de investigaciones que son dados a analizar e incluir tanto a hombres como a mujeres en estudios futuros para evitar resultados engañosos.

 

 

 

 

 

 

 

 

ESTRUCTURA CEREBRAL 

Hace ya mucho tiempo atrás, los neurocientíficos acreditaban que las diferencias en los cerebros de sexo diferentes se limitaban a las regiones responsables del comportamiento de acasalamento. En un artículo de los Científicos Americanos de 1966, titulado “Diferencias Sexuales en el Cerebro”, Seymour Levine, de la Universidad de Stanford, describía cómo las hormonas sexuales ayudan a crear comportamientos reproductivos diferentes en ratones: los machos están pendientes de montar a las hembras en cuanto éstas elevan las nalgas para atraer a los pretendientes. Levine sólo menciona una región del cerebro en su análisis: el hipotálamo, una pequeña estructura en la base del cerebro responsable de la regulación de la producción de hormonas y en el control de comportamientos básicos como comer, beber y mantener relaciones sexuales. Una generación entera de neurocientíficos que el decir “diferencias sexuales en el cerebro” tan sólo se refiere a las hormonas sexuales y el hipotálamo. 

Este enfoque fue puesto en entredicho por una ola de descubrimientos que destacaron la influencia en algunas áreas cognitivas y de comportamiento, incluidas la memoria, emociones, visión, oído, recordar rostros y caras y respuesta del cerebro a las hormonas del stress. Este avance se aceleró en los últimos diez años como técnicas de imageamento sofisticadas y no invasivas, como puede ser una tomografía pro emisión de positrones (PET) y una resonancia magnética funcional (RMF), con las cuales es posible observar el cerebro en acción. 

Estos experimentos con imágenes revelan que las variaciones anatómicas ocurren en una serie de regiones cerebrales. Hill M. Goldstein, de la Facultad de Medicina de Harvard, y algunos colegas, por ejemplo, usaron la resonancia magnética para medir áreas corticales y subcorticales. Los investigadores descubrieron que en determinadas partes del corte frontal- responsable de muchas funciones cognitivas importantes- eran proporcionalmente más voluminosas en mujeres que en hombres, así como en partes del corte límbico, responsable de reacciones emocionales. En los hombres, por otro lado, partes de la corteza parietal, ligada a la percepción espacial, son mayores que en las mujeres, así como la amígdala, estructura en forma de almendra que rige las reacciones que despiertan las emociones- cualquier cosa que haga que el corazón se dispare y la adrenalina fluya por todo el cuerpo. 

Normalmente se acredita que las diferencias en el tamaño de las estructuras cerebrales reflejan una importancia relativa para el animal. Por ejemplo, los monos usan más la visión que el olfato, mientras que en los ratones ocurre lo contrario. En consecuencia, el cerebro de los primates posee regiones proporcionales más grandes para la visión, y los ratones tienen más espacio para el olfato. La existencia de diferencias anatómicas entre hombres y mujeres sugiere, por tanto, que el sexo realmente tenga influencia en el funcionamiento del cerebro. 

Otras investigaciones han encontrado diferencias anatómicas ligadas al sexo a nivel celular. Sandra Witelson, de la Universidad de McMaster, por ejemplo, descubrió que las mujeres poseen cantidades mayores de neuronas en áreas de la corteza del lóbulo temporal asociadas al procesamiento y comprensión del lenguaje. Al contar las neuronas de muestras de autopsias, los investigadores notaron que las seis capas de cortex, presentaban más neuronas por unidades de volumen en mujeres que en hombres. Parecidos descubrimientos fueron registrados más tarde en el lóbulo frontal. En posesión de esta información, los neuroinvestigadores pueden analizar ahora si las diferencias sexuales en el número de neuronas corresponden a diferencias en la capacidad cognitiva, examinando, por ejemplo, si el aumento en la densidad de dichas neuronas en la corteza audicional femenina está relacionado con la óptima fluidez a la hora de expresarse. 

INCLINACIONES INNATAS 

Estas diversidades anatómicas pueden estar causadas, en gran parte, por al actividad de las hormonas sexuales que bañan el cerebro del feto. Estos esteroides ayudan a coordinar la organización cerebral y las conexiones durante el desarrollo e influye en la estructura y en la densidad neuronal de algunas regiones. Curiosamente, las áreas cerebrales que Goldstein descubrió diferentes entre hombres y mujeres son aquellas en las que los animales concentran el mayor número de hormonas sexuales recibidas durante el desarrollo. La correspondencia entre la talla de la región del cerebro en adultos y la acción sexual de esteroides en el útero indica que al menos algunas de las diferencias sexuales no vienen producidas por el resultado de influencias sociales o de alteraciones hormonales relacionadas con la pubertad. Dichas diferencias sexuales están ahí desde el nacimiento. 

Varios estudios de comportamiento contribuyen a aumentar las evidencias de que algunas de las diferencias sexuales en el cerebro surgen antes incluso de que el bebé comience a respirar. A lo largo de dos años, científicos demostraron que, cuando escogen juguetes, los niños y las niñas toman rumbos diferentes. Los niños tienden a interesarse por pelotas y coches, mientras que las niñas escogen muñecas. Mas nadie sabe decir con certeza si estas preferencias vienen determinadas por la cultura o por la biología innata cerebral. 

Para tratar esa cuestión, Melissa Hinnes, de la Universidad Ciudad de Londres, y Gerianne M. Alexander, de la Universidad A&M de Texas, estudiaron monos, nuestros parientes animales más cercanos. Las investigadoras presentaron una variedad de juguetes a un grupo de monos, incluidas ropas de muñecas, camiones y algunos juguetes unisex, así como libros ilustrados. Observaron que los monos machos pasaron más tiempo brincando que las hembras, y que las monas pasaron más tiempo interactuando con lo que las niñas suelen preferir. Ambos sexos pasaron el mismo periodo de tiempo inspeccionando los libros y otros juguetes unisex. 

Como es poco probable que los monos estén influenciados por las presiones sociales de la cultura humana, los resultados muestran que la preferencia de los niños por ciertos juguetes es consecuencia, por lo menos en parte, de diferencias biológicas innatas. Se asume que la divergencia, así como las diferencias anatómicas en el cerebro de hombres y mujeres, tienen que ser originadas por las medidas selectivas durante la evolución. En el caso de estudios con juguetes, los machos prefieren aquellos que se pueden mover en el espacio y que pueden permitirles movimientos bruscos. Es razonable pensar que esas características pueden estar relacionadas a comportamientos útiles para la caza o para obtener compañera. De la misma manera, también es posible acreditar la hipótesis de que las hembras escojan los juguetes que les permitan desarrollar las habilidades que un día necesitarán para criar a sus hijos.  Simon Baron-Cohen y su equipo de la Universidad de Cambridge, abordarán la cuestión de la influencia de la Naturaleza contra la influencia de la educación según el sexo de diversas maneras.Baron-Cohen y su alumna SvetlanaLutmachya, por ejemplo, descubrieron que las niñas de un año de edad pasaban más tiempo mirando a sus madres que los niños de la misma edad. Y, cuando la opción es centrar la atención de estos bebés en una película, las niñas suelen fijarse más en las caras y los niños tienden a centrarse en los coches. 

Es evidente que esas diferencias pueden ser atribuidas a la manera en que los adultos tratan a los niños, o al modo en que juegan con ellos. Para eliminar estas posibilidades, Barón-Cohen llevó una cámara de video a una sala de maternidad, a fin de observar las preferencias de los bebés en su primer día de vida. Las investigaciones se centraban en el rostro de los estudiantes o a un objeto móvil. Para evitar cualquier interferencia, los investigadores no sabían cual era el sexo de cada bebé durante el tiempo que duró la prueba. Cuando asistieron a las grabaciones descubrieron que las niñas pasaron más tiempo mirando el rostro de la persona que grababa y los niños la cámara. Esta diferencia fue evidente en el primer día de vida. Por lo tanto, parece ser que ya desde que salimos del útero, tenemos ciertas diferencias sexuales cognitivas. 

 

El hipocampo de los ratones machos se rige de forma diferente tanto en el stress agudo como en el crónico si se compara con la misma estructura que las hembras.

 

 

 

 

BAJO STRESS 

En muchos casos, la diferencia sexual en la química y en la constitución del cerebro influye en el modo en como los machos y las hembras reaccionan ante un ambiente o un acontecimiento estresante y en cómo los recuerdas. Veamos, pro ejemplo, la amígdala, estructura cerebral proporcionalmente mayor en las hembras. Para analizar si la amígdala de hombres y mujeres realmente responden de modo diferente ante el stres, Katherina Braun, de la Universidad de Otto Von Guerick, en Magdeburgo, Alemania, separó pro un corto periodo de tiempo a una cría de cierta especie de roedor de su madre. Para estos roedores que viven en grandes colonias, una separación temporal por muy corta que sea, es muy desagradable. Los investigadores entonces midieron la concentración de seratonina con un neurotransmisor esencial para medir el comportamiento emotivo en algunas regiones del cerebro. 

Un equipo formado con los sonidos de una madre llamando a su cría durante el periodo de separación, descubrieron que esa información auditiva elevaba la concentración de receptores de serotonina en la amídala de los machos, pero que se reducía en el de las hembras. Aunque es difícil sacar conclusiones de este estudio para el comportamiento humano, se observó que, si pasa algo similar con los bebés, la ansiedad de la separación puede afectar de forma distinta a los niños y a las niñas. Experiencias como esta son necesarias para entender el por qué, por ejemplo, los trastornos de ansiedad prevalecen durante más tiempo en las niñas que en los niños. 

Otra región del cerebro que hoy sabemos diferencias entre los sexos en términos de anatomía y respuesta ante el stress es el hipocampo, estructura esencial para el almacenamiento de recuerdos y la orientación. 

Las imágenes técnicas demuestran que el hipotálamo es sensiblemente más grande en las mujeres que en los hombres. Estas divergencias anatómicas pueden estar ligadas de alguna forma al modo en que los hombres y las mujeres se orientan. Varios estudios sugieren que los hombres suelen orientarse teniendo en cuenta su posición en el espacio mientras que las mujeres se orientan tomando puntos de referencia. Curiosamente, existe una diferencia entre ambos sexos parecida a la que se da en los ratones. Los machos tienden a atravesar laberintos utilizando coordenadas de dirección y posición, mientras que las hembras recorren los mismos laberintos usando puntos de referencia. Lo que los investigadores aún no han conseguido probar, sin embargo, es si los ratones machos son menos propensos a parar para pedir información. 

Pero los roedores machos aprenden mucho mejor bajo stress. Tracey J. Shors, de la Universidad Rutgers, observó que una sucesión rápida de electroshocks en la cola los alentaba en la ejecución de tareas ya aprendidas y reducía la densidad de conexiones dedítricas hacia otras neuronas en los machos. En las hembras, el shock perjudicaba el desarrollo de la tarea y reducía la densidad de las conexiones. Descubrimientos como éste tienen implicaciones sociales interesantes. Cuanto más descubrimos las diferencias de los mecanismos de aprendizaje entre los dos sexos, mayor es la probabilidad y más hay que tener en cuenta que los ambientes de aprendizajes deben ser diferentes para chicos y para chicas. 

 

Aunque el hipocampo en los ratones hembras demuestra una disminución en la respuesta del stress agudo, ellas parecen ser más resistentes que ellos en el stress crónico. Cheryl D. Conrad, de la Universidad del estado de Arizona, encerró ratones durante seis horas en una jaula para pájaros- una situación traumática para los roedores. Los investigadores analizaron entonces cuán vulnerables son las neuronas del hipocampo ante el ataque mortal de una neurotoxina, una medida estándar del efecto del stress en estas células. Se dieron cuenta que el confinamiento crónico convertía a las células del hipocampo de los machos más susceptibles a la toxina, pero que no producía ningún efecto en la vulnerabilidad de las neuronas de las hembras. Estas conclusiones sugieren que, en los casos de daño cerebral, las hembras están mejor equipadas que los machos para tolerar el stress crónico.

 

 

 

PANORAMA GENERAL 

Investigando como el cerebro lidia contra las situaciones stressantes y si las recuerda, mis colegas y yo descubrimos que los hombres y las mujeres difieren en la manera de cómo almacenan sus recuerdos de incidentes que despertaron ciertas emociones… un proceso en el que tiene participación la amígdala. En uno de nuestros primeros experimentos mostramos a los voluntarios una serie de películas de extrema violencia, mientras medimos sus actividades cerebrales por tomografía PET. Algunas semanas después, les dimos un cuestionario para saber lo que recordaban. 

Descubrimos que el número de películas que recordaron estaba relacionado a la actividad más activa de la célula durante la exhibición. Trabajos posteriores hechos por nuestro laboratorio y por otros confirmaron esta conclusión general. Pero entonces noté algo extraño. La activación de la amígdala en algunos estudios, englobaba tan sólo al hemisferio derecho. Percibí entonces que los experimentos en que la amígdala derecha se activaba era aquella que sólo usaban los hombres; aquellas en la que sólo se activaba la izquierda era sólo la usada por las mujeres. Desde entonces, tres estudios posteriores confirmaron esa diferencia, de cómo hombres y mujeres afrontan recuerdos emotivos. 

Para tratar de descubrir el significado de esas diferencias, recurrimos a una teoría de un siglo de antigüedad, según el cual el hemisferio derecho tiende a procesar los aspectos básicos de una situación, mientras que el izquierdo procesa los detalles. Si esta teoría es cierta, argumentamos, que una droga que perjudique a la actividad de la amígdala debería reducir la capacidad del hombre de recordar la esencia de un acontecimiento emotivo (cuando entorpece a la amígdala derecha), mientras que en las mujeres afectaría a la capacidad de recordar detalles específicos (cuando entorpece a la amígdala izquierda).  Esa droga es el propanol, de la clasificación de betabloqueadores. Dimos esta sustancia a un grupo de hombres y mujeres antes de que asistiesen a una corta exhibición de un terrible accidente ocurrido a un niño mientras caminaba al lado de su madre. Una semana después, probamos su memoria. Los resultados mostraron que el propanol producía dificultades para recordar en los hombres sobre los aspectos más generales o sobre la idea general de la historia (que el niño había sido atropellado por un coche). En las mujeres el propanol produjo el efecto contrario: producía dificultades para recordar los detalles periféricos (que el niño llevaba una pelota de fútbol). 

En investigaciones más recientes, descubrimos que podemos detectar una diferencia en el hemisferio entre los sexos en cuanto a respuestas ante un material emotivo. Voluntarios que miraban fotografías desagradables reaccionaron en 300 milésimas de segundo, respuesta que se presenta como un pico en el registro electrónico de la actividad cerebral, antes incluso que cualquier interpretación consciente de la imagen. Con Antonella Gasbarri, de la Universidad de L´Aquila, en Italia, descubrimos que en los hombres ese rápido pico denominado respuesta P300, es más exacerbado en el hemisferio derecho; en las mujeres es mayor en el izquierdo. 

 

Este descubrimiento puede tener repercusiones en el tratamiento de trastornos de stress post-traumático. Investigaciones anteriores hechas por Gustav Schnelling y mis colaboradores, de la Universidad de Ludwig Maximilian, en Alemania, ya han establecido que drogas como el propanol recuden los recuerdos de situaciones traumáticas cuando son administradas junto con los tratamientos normales en las unidades de terapia intensiva. Estimulados por nuestras conclusiones, descubrimos que, al menos en estas unidades, los betabloqueadores reducen los recuerdos de sucesos traumáticos en mujeres, pero no en los hombres. En la misma UTI, por lo tanto, los médicos pueden guiarse por el sexo del paciente a la hora de prescribir medicamentos.

 

 

 

 

SEXO Y TRASTORNOS MENTALES 

El stress post-traumático no es la única reacción que parece actuar diferente entre hombres y mujeres. Un estudio con PET llevado a cabo por Mirk Diksic, de la Universidad de McGill, demostró que la producción de serotina es un 52% mayor en el hombre que en la mujer. Esto puede ayudar a explicar por qué ellas tienden más a la depresión, problema normalmente tratado con drogas que elevan la concentración de serotina. 

Una situación similar puede ocurrir con la dependencia. En este caso, el neurotransmisor en cuestión es la dopamina, responsable de la sensación de placer asociada con el uso de algunas drogas. En el estudio con ratones, Jill B. Becker e investigadores de la Universidad de Michigan en Ann Arbor, descubrieron que en las hembras el estrógeno producía un aumento de la liberación de dopamina en áreas del cerebro importantes en la regulación del comportamiento en busca de las drogas. Más aún, el efecto de la hormona es de larga duración, provocando que las hembras sigan buscando cocaína semanas después de haber recibido la droga. Esas diferencias se pueden explicar porque las mujeres se hacen dependientes con mucha más rapidez que los hombres. 

Determinadas anomalías en el cerebro que están por debajo de la esquizofrenia, también parecen diferir en hombres y mujeres. Rubén y Raquel Gur, de la Universidad de Pensilvania, midieron el tamaño de la corteza orbitofrontal, región relacionada con el control de las emociones, y la compararon con la dimensión de la amígdala más relacionada en las reacciones emocionales. Descubrieron que, en las mujeres, la proporción orbitofrontal/amígdala es mayor que en los hombres. Este resultado puede dar margen a especulaciones de que las mujeres tal vez sean más capaces de controlar sus reacciones emocionales. En otros experimentos, los investigadores descubrieron que este “equilibrio” está alterado en las esquizofrenias, aunque no en idéntica forma en hombres que en mujeres. Las mujeres con esquizofrenia tienen una proporción orbitofrontal/amígdala menos que en las mujeres que no la padecen, como sería de esperar. Más extrañamente, los hombres esquizofrénicos tienen esa misma proporción aumentada en comparación con los, hombres sanos, lo que puede significar la necesidad de tratamientos distintos según el sexo. 

 EL SEXO MARCA LA DIFERENCIA 

En el siguiente artículo del 2001 incluido más abajo sobre las diferencias sexuales en la salud humana, la Academia Nacional de las Ciencias de los Estados Unidos afirmaban que el sexo hace la diferencia. “El factor de ser macho o hembra es una variedad humana básica importante, que debe ser tenida en cuenta cuando proyectamos y analizamos estudios en todas las áreas y en todos los niveles de investigaciones biomédicas y relacionadas con la salud. 

 

Los neurocientíficos aún están lejos de descubrir todas las diferencias en el cerebro según el sexo y su influencia en el proceso cognitivo y en la propensidad a sufrir problemas cerebrales. En todo caso, las investigaciones realizadas hast ahora demuestran con certeza que las diferencias van mucho más allá del hipotálamo y del comportamiento ligado al acasalamiento. Científicos y físicos no siempre saben exactamente cuál es el mejor medio de avanzar para descifrar la influencia del sexo en el cerebro. Pero, un número cada vez mayor de neurocientíficos están de acuerdo que evaluar un sexo solo y sólo sobre ese sexo evaluarlo todo, no es la opción correcta.

 

 

 

 UNA CUESTIÓN DE MASA GRIS. 

El presidente de la Universidad de Harvard, Lawrence Summers, dejó a una gran cantidad de personas indignadas al comienzo del año al desvelar su pensamiento: que la biología cerebral puede ayudar a explicar por qué a un número menor de mujeres que de hombres se les da bien la carrera científica. 

¿Qué investigación le llevó a decir esto? Es difícil obtener evidencias relacionando la capacidad anatómica con la capacidad  intelectual. En principio, las diferencias sexuales comprobadas por ciertos patrones de tests, muestras pequeñas diferencias, que a veces favorecen a las mujeres y otras veces a los hombres. Y, aún cuando los neurocientíficos han descubierto un gran número de diferencias en cuanto a estructura y funcionamiento del cerebro según el sexo, nadie es capaz hoy por hoy de decir si estas diferencias tienen alguna influencia para que la persona sea compatible o no con la carrera científica- o si se debe, tan sólo a los factores influyentes culturales. 

Sin embargo, es posible que, en cierta forma, el cerebro masculino y el femenino lleguen a su mayor grado de inteligencia general por caminos distintos. Estudios recientes sugieren que los sexos usan sus cerebros de diferentes formas para resolver problemas como los encontrados en tests de inteligencia. En este trabajo, Richar Haier, de la Universidad de California en Irving, usó una combinación de imágenes de resonancia magnética con test cognitivos para crear mapas relacionados con el volumen de masa gris y de masa blanca en varias áreas del cerebro con el desempeño de tests QL. La masa gris está compuesta por el cuerpo celular de neuronas que procesa la información en el cerebro; la masa blanca está compuesta de axonios a través de los cuales las neuronas se mandan informaciones de unas a otras. El equipo descubrió conexiones entre el volumen de las masas gris y blanca y el desarrollo de los tests en ambos sexos, pero en las áreas cerebrales que presentaban las correlaciones, eran diferentes en hombres y en mujeres. 

Estos resultados aún no han sido reproducidos. Aunque han sido comprobados, sin embargo, los investigadores aún tienen entre manos una pregunta sin respuesta: ¿qué tienen que ver estas diferencias con el modo de pensar de hombres y mujeres, si es que tiene algo que ver? 

 

 

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