Identidad de Género

Moll Cutpurse

 

 

 

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Traducción por Isabel Rico Sanchez

 

 

Moll fue un ladrón professional que siempre vestía como un hombre y se comportaba como tal. Murió en 1663.
 

MARY FRITH, también conocido como Moll Cutpurse (Moll, corta monederos por su original profesión de robar bolsos y carteras), nació en Barbican, en la calle Aldersgate, en el año 1589. Su padre fue zapatero, y no ocurrió nada raro el día del nacimiento de Moll como pretenden algunos que aseguran que hubo eclipses y otros fenómenos naturales extraños como terremotos, grandes fuegos o maremotos. Moll era todo un maestro en el arte carterista, de manera que incluso se atrevió con el Papa Joan y con la nobleza.
 

Sus padres fueron muy tiernos y cariñosos con él, pues no tuvieron más hijos, pero especialmente su madre, de acuerdo con su naturaleza femenina, que es generalmente, más indulgente que la masculina. Estaba muy apegada a su hijo, sobre todo en la infancia, era muy cuidadosa con su educación, que era estricta y estrechamente vigilada a causa de las tendencias varoniles de Moll, que en principio sólo comenzaban a ser visibles y que con el paso del tiempo fueron predominando sobre su anatomía femenina y sobre su educación que había recibido como mujer. Estaban por encima de su educación e instrucción. Tenía un carácter fuerte e iracundo y sólo se divertía jugando a juegos de chicos y pasando el tiempo como ellos, evitando la compañía de niñas. Durante mucho tiempo trataron de alejarlo de estas actividades e inculcarles las que debía tener una señorita, pero su temperamento difícil y su carácter rudo no se dejó doblegar por las normas que la sociedad establecía. No soportaba la vida sedentaria destinada a las mujeres de estar sentadas tranquilamente cosiendo o tejiendo. No soportaba tener una aguja en las manos, ni un dedal, y cuando le obligaban a ello, su imaginación corría despavorida cambiando aquellos instrumentos en su mente por espadas o dagas. Sus sombreros, tocados y pañuelos (o lo que la moda de aquel tiempo dictara sobre las prendas que una mujer debía llevar) eran odiadas profundamente por Moll, y cuando le obligaban a llevarlas, le sentaban como a un cerdo unos tirantes. Esto dejaba perplejos a sus amigas y familiares, que solían tener esperanzas en este caso perdido diciendo para sí: “Un desastre de niña, tal vez se convierta el día de mañana en una buena mujer”, pero aquella esperanza no duró mucho, debiendo abandonarla al poco tiempo y terminar cediendo ante el carácter indomable de Moll.
 

Solía pelear con los chicos y golpearlos, corría, saltaba y competía con los varones de su edad.
 

Moll tenía un tío, un hermano de su padre, que era ministro y que se disgustaba a menudo con su sobrino, pero no tanto como para impedirle estos juegos, pues no veía forma alguna de impedir que se dedicara a ellos o cómo se podría domar un carácter tan diabólico. Y de esta forma le consiguió un pasaje a bordo del barco mercante Gravesend, que le desembarcaría en Nueva Inglaterra para ver si allí podían hacer carrera de Moll. Pero sabiendo nadar, Moll saltó una noche por la borda y nadó hasta la orilla y jamás, a partir de ese momento, volvió a estar cerca de su tío, evitando todo contacto con él.Tiempo más tarde, sus familiares consiguieron recluirlo en un convento, esperando que allí madurara. Las monjas del lugar, lo aceptaron. Pero Moll escapaba muchas noches a bares.
 

Odiaba cuidar niños en el convento, y de esta forma se juró que jamás tendría hijos, así pues nunca dio a luz.

 

 

 

 

Ilustración London New 1950

 

 

  

Vestía siempre con ropas masculinas y jamás se lo vio en compañía de un hombre en calidad de amante y de esta forma, ellos nunca lo vieron como mujer a pesar de su anatomía femenina, sino que lo miraban y lo respetaban como un hombre. Y de esta forma, Moll vivió hasta el día de su muerte como hombre.
 

Sintiendo como un hombre, nunca tuvo las debilidades de una mujer y jamás tuvo que tomar una tila para los nervios, en esos días tan malos del mes, no tuvo que ponerse carbones cálidos sobre el vientre para aliviar los dolores. Moll jamás mostró ni una sola señal de debilidad, nunca tuvo accesos de melancolía y jamás bajó los ojos con abatimiento, su espíritu jovial y vigoroso se sobreponía a todo. Tenía la suficiente fuerza para conseguir todo lo que quería como hombre, sin tener que llorar ni suplicar como hacían las mujeres.Moll entró en contacto con algunos echadores de cartas de la ciudad, de quienes aprendió a engañar y a robar cosas sin importancia y sin apenas valor. Pero siendo lo que robaba menos de lo que gastaba, decidió entrar en el mundillo de la Sociedad de Conductores, más conocida como la de los carteristas, estafadores y rateros, que eran una especie de piratas de las calles.
 

De esta manera, al margen de la ley, consiguió hacerse con una pequeña fortuna. Pero habiéndose dejado ver varias veces ya en lugares como Old Bridewell, the Compters and Newgate, y habiendo estado a punto de ser sorprendido en estas prácticas, decidió dejar esta forma de vida y pasar a los robos por todo lo alto, pero todos ellos a costa de los Roundheads, o los rebeldes, que fomentaron la Guerra Civil contra el rey Carlos I.
 

Durante mucho tiempo Moll estuvo robando por los caminos; pero al final, habiéndole robado al General Fairfax 250 jacobinos en Hounslow Heath, habiéndole disparado en un hombro por oponerse al robo y habiendo matado dos caballos sobre los cuales viajaban dos criados del General, se mandó un pequeño ejército contra él en cuanto el General llegó a la ciudad de Hounslow y contó todo lo que le había pasado. La suerte de Moll se acabó en Turnham Green, donde fue capturado y llevado a Newgate. Tras esto, fue condenado pero consiguió librarse de su pena ofreciendo 2000 libras por su vida. Asustado por lo que había estado a punto de ocurrirle, decidió dejar la vida de ladrón y adquirió una casa dos puertas más allá de la taberna de Globe, en la calle Fleet, enfrente del Conducto, casi mirando hacia Shoe Lane y la Corte de Salisbury, donde dispensó justicia en las riñas que se producían entre los borrachos.
 

En su época, el tabaco comenzaba a ser todo un fenómeno social y a tomar cada vez mayor importancia y Moll se aficionó al tabaco, consiguiendo que el fumar comenzara a verse normal incluso entre las mujeres.
 

Moll le había cogido miedo a las consecuencias legales del robo, pero aquello no le impidió que se convirtiera en comprador de cosas robadas, con cuya ocupación ganó una buena suma de dinero. Su casa se convirtió en un pequeño almacén que vendía joyas, anillos y relojes que habían sido robados por terceras personas a gran distancia de donde Moll vivía y que él había adquirido a precio de ganga. Su negocio fue conocido como Oficina de Seguros para esta clase de ladrones que pretendían deshacerse de lo robado, bien porque necesitaban el dinero y en ningún sitio decente se lo comprarían sin garantías de que les pertenecía, o bien porque eran objetos difíciles de vender; y estos piratas de las calles estaban seguros de que en casa de Moll conseguirían un buen precio sin ser molestados con preguntas sobre sus nombres. Lo único sobre lo que Moll preguntaba era la procedencia de la mercancía y cómo y dónde había sido robada.
 

Una vez, un caballero llegó a la casa de Moll contándole que le habían robado un reloj muy valioso y le pidió que lo ayudara a encontrarlo. Moll le preguntó por las marcas y detalles del reloj, cuándo y dónde lo había perdido. Si había estado rodeado por una multitud o había sido de otra forma. El caballero explicó que pasando por Shoe Lane, había presenciado una pelea entre dos hombres, uno de los cuales, como más tarde supo, era un pastor que algunos localizaban en Smithfield y que lo habían visto recibiendo la suma de 200 libras o bienes por este valor. Había un tal Bat Rud, se había informado el caballero, que, habiendo observado al pastor metió la mano en el bolsillo donde éste tenía su oro con la mala suerte, que en ese preciso momento, el pastor también metía su mano en el bolsillo.
 

El pastor se dio cuenta de todo y se lanzó a una pelea con Rud. Los compiches del ladrón Rud, tras varios minutos dejando que se vapulearan, tomaron aparentemente cartas en el asunto a favor del pastor, que había necesitado sacar las manos de sus bolsillos donde tenía el dinero para defenderse y en medio de todo el embrollo, se las apañaron para robárselo. Y mientras el caballero miraba toda esta pelea, alguno de estos ladrones le había metido, sin que se diera cuenta, la mano en el bolsillo y también le había robado el reloj.Moll sonrió ante la historia y le dijo que haría lo posible por enterarse sobre el posible paradero del reloj en 24 o 48 horas como máximo.
 

La siguiente vez que el caballero visitó a Moll, le hizo saber que el reloj era muy valioso para él porque se lo había regalado un buen amigo y Moll se las apañó para sacarle 20 guineas antes de devolverle el reloj.
 

Moll siempre fue señalado por sus vecinos como un hermafrodita, pero a su muerte se descubrió que en su anatomía no había dos sexos, sino que era completamente femenina.
 

Moll no vivió durante mucho tiempo en la calle Fleet. Pronto entró en contacto con una nueva clase de ladrones, llamados heavers, cuyos trabajos consistían en robar librerías u otros comercios de gran altura comercial. Les llevaban a Moll sus adquisiciones, las cuales él volvía a vender a sus antiguos dueños.Cuando ya parecía que Moll había conseguido evadir las leyes, un competidor suyo en este negocio, le interpuso una demanda por vestir con ropas masculinas y vivir como hombre, y hubo de presentarse ante la Corte Jurisdiccional de Arches. Fue condenado a hacer penitencia vestido con una camisa blanca en la Cruz de St. Paul durante todo el sermón del domingo. También lo condenaron a andar de esta guisa, junto con un perro negro, por todos los mercados de los pueblos de Inglaterra.
 

Sin embargo, esta penitencia no menoscabó su fuerte carácter, y tras cumplirla, volvió a aparecer vestido de hombre, así como siguió con su negocio, vigilándolo el doble de lo que había hecho hasta entonces. De forma que inventó un mecanismo de espejos para que, estuviera en la habitación que estuviese, mediante el reflejo de los cristales, pudiera tener vigilada la mercancía. Esto le dio motivos a sus vecinos para decir que usaba cristales mágicos, con lo cual su fama creció entre los ladrones que querían deshacerse de lo robado y entre la gente común que pensaban que usaba magia y estaban interesados en saber cómo sería su hombre ideal o el hombre que el destino les tenía deparado.
 

Una noche, saliendo Moll totalmente borracho de la Taberna del Diablo, tropezó con una cerda negra que se estaba revolcando en el lodazal cerca del canal y Moll se la llevó a su casa, donde descubrió que estaba preñada.A la mañana siguiente, la cerda le dio once lechoncillos, que Moll y sus amigos engordaron durante algunos días y se comieron. Moll indagó a quién podría pertenecer la cerda, y se la devolvió a su dueño, que la recibió con alegría, aunque se extrañó de que la cerda no viniera ya preñada y de que hubiera abandonado a su camada. El hombre le dio a Moll, en gratitud un saco de granos.
 

Pero la cerda, estando suelta y echando de menos a sus crías, volvió a escaparse a casa de Moll y allí comenzó a gruñir y no paró hasta que no fue admitida de nuevo por Moll. Así fue como descubrió el dueño de la cerda lo que había pasado con los cerditos de su animal y fue a reclamárselos a Moll. Moll lo llamó loco. El hombre le dijo que su cerda estaba preñada y que si ahora gruñía ante la puerta de Moll, era porque sabía que allí estaban sus lechones.“Mira, buen hombre” dijo Moll. “Entra en mi casa y mira si tiene pinta de cochinera”. Así lo hizo el hombre, y viendo lo limpia que estaba la casa y que no olía a cerdo ni nada, se convenció de que allí no estaban sus cerdos y se volvió a su casa maldiciendo a Moll.
 

Teniendo Moll una gran antipatía por el Parlamento Rump, consiguió falsificar la firma de ciertas personas importantes en el parlamento, y de alguna forma consiguió rehuir la paga de impuestos. Su trampa le sirvió durante medio año.Con setenta y cuatro años, Moll comenzó a sufrir de hidropesía, que consiste en retención de agua en el cuerpo. Su barriga se inflamó de forma inimaginable.
 

Con la cantidad de dinero que poseía, es fácil imaginar que hubiera hecho testamento. Pero no fue así. Viendo cercana la hora de su muerte, Moll pensó que aquel dinero podría servir como donativo a hospitales y conventos, pero luego pensó que aquel era un dinero manchado y que como era dinero del diablo, debería devolvérselo al diablo, así que todo aquel dinero, escamoteado de los impuestos y producto del robo, fue devuelto a la Tesorería General del Estado, no sin ante haber dejado pagado todos los gastos de su funeral y haber repartido un poco entre sus amigos y entre sus tres criadas que eran las que le habían mantenido la casa limpia y le habían hecho las ropas. También dejó cierta cantidad de dinero a un amigo suyo, capitán de barco, pidiéndole que no volviera a embarcarse y que lo que le quedara de vida, la pasara bebiendo y divirtiéndose en tierra firme y que no saliera a buscar más aventuras, no fuera a ser que terminara ahogándose.
 

Y una vez que tuvo todo repartido, pidió que se le enterrara vestido de hombre elegante, para que en su muerte fuera tan distinguido como en su vida. Fue enterrado en el cementerio de St Bridget, con una losa de mármol en su tumba que rezaba lo siguiente, compuesto por el famoso escritor Mr. Milton, pero que por desgracia fue destruido durante el gran conflicto de Londres:
 

 

 

Aquí yace, justo debajo de esta losa,
Polvo, pues todo es polvo con el paso del tiempo,
Polvo, para sorpresa del Saduceo,
Que algún día se levantará como Él o Ella,
O dos en uno como una pareja singular,
Un juego o diversión de la Naturaleza.
Cómo aparecerá vestido en el Juicio Final,
A menos que se le ocurra no aparecer,
O dónde se le ocurrirá aparecer,
Eso no lo sabe nadie:
Quizás en un sitio intermedio entre el Cielo o el infierno,
En el Purgatorio quizás.
Quizás alguien lo esconda bajo el suelo.
Estas reliquias merecen la suerte
De esa mentirosa trampa que es la tumba de Mahoma
Pues quien aquí está no ha comulgado jamás
Ni con el Bien ni con el Mal.
Así cuando el mundo esté calcinado
Y la mitad de la raza humana
Esté consumiéndose en el fuego eterno,
Él estará solo en medio del Cielo y del Infierno
Y nadie vendrá a su lado.
Lector, hasta que todo esto pase,
Él yacerá bajo esta losa,
Hasta que puedas volver a verlo.
 

 

 

 

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