Identidad de Género

Carla Antonelli: «Esta ley me habría ahorrado ponerme en una esquina»

Carla Antonelli: «Esta ley me habría ahorrado ponerme en una esquina»    

Carla Antonelli

 

 


 «Esta ley me habría ahorrado ponerme en una esquina»La activista transexual del PSOE celebra la aprobación esta semana de la normativa de identidad de género y habla del largo y pedregoso camino recorrido 

El Correo/Isabel Ibáñez-. Cantaban los Kinks en ‘Lola’: «No podía entender por qué ella caminaba como una mujer pero hablaba como un hombre». Pocas formas de vida generan tanto morbo como la de las personas transexuales. El rechazo a lo diferente hace que en el siglo XXI muchos las sigan viendo como a marcianos. O algo peor. Tras la consecución de la Ley de Identidad de Género, que les permite cambiar de nombre y sexo en el DNI aunque no hayan pasado por el quirófano, la incomprensión social sigue siendo la asignatura pendiente. Carla Antonelli, activista transexual del PSOE y uno de los rostros en la lucha por la normativa «más avanzada de Europa», habla del largo camino recorrido por la ley y por ella misma. Y del que queda por delante.

-¿Qué siente una mujer cuando en su DNI dice que es hombre?

-Siente ofuscación, que la vida se le complica, vergüenza cada vez que entrega su carné. Y puede suponer riesgo para tu vida si has de viajar a un país donde te pueden matar con el beneplácito de algunas personas que van a comulgar los domingos. El desprecio de ciertos dogmas religiosos supone que haya quien cree que si le da una paliza a un transexual no estará cometiendo un acto malo. Pero, sobre todo, te proporciona una marginación y una exclusión terrible a la hora de acceder al trabajo.

-Relacionar transexualidad con prostitución no es un estereotipo.

-En los principios de nuestra democracia era impensable que una persona transexual estudiara en una universidad o en un colegio, porque eran acosados. A mí me tiraban piedras. De ahí los bajos índices culturales. A muchas mujeres transexuales las han arrojado a la protitución porque sencillamente no encuentran trabajo, las rechazan por sistema, porque el ser humano rechaza lo que desconoce. Inicialmente no hay ningún problema, hasta que presentas el DNI y, de pronto, las plazas que estaban libres desaparecen. Socialmente nos cuesta el triple esfuerzo, pero existen catedráticas en la Universidad de La Laguna, en la de Madrid, en la Guardia Civil, en El Corte Inglés…

-¿Qué se habría ahorrado usted si esta ley hubiera estado vigente cuando tenía 18 años?

-Me habría ahorrado ponerme en una esquina.

-O sea, que la prostitución no fue una opción en su caso.

-No, fue la elección después de tres días sin comer. La ley también me habría evitado irme de mi casa, soportar la cárcel por la ley represiva de vagos y maleantes… Tampoco me habrían dado palizas en comisaría… Muchas cosas.

-Usted ya se había dado cuenta de que era mujer mucho antes.

-Estamos hablando de los 70. Tienes 10 años y algo te dice que eres distinta, pero ni tan siquiera sabes de la posibilidad de modificarte quirúrgicamente. Culturalmente, lo único que conocías era la homosexualidad y querías identificarte con eso, pero no te valía. Hasta que veías a personas que se habían modificado, se te abrían los ojos y decías «si algo soy yo, es esto». Y a los 17 salí de casa porque no lo iban a entender, sería impensable ¿imposible! desarrollarme en mi pueblo.

Hormonas de la Cruz Roja

-En su autobiografía en Internet cuenta que un coche de la Cruz Roja iba ofreciendo hormonas por la calle y que así inició su transformación.

-Sí, surrealista. Es también una anécdota de Almodóvar, pero es verdad. No era que la Cruz Roja oficialmente las pusiera, sino que unos enfermeros ayudaban a las chicas porque tenían rollo con ellas.

-¿Y recuerda cuando tuvo en sus manos su primer DNI cambiado?

-No me lo he cambiado. Por principios y por activismo. Dije que hasta que no saliera la ley no lo cambiaba. Ahora lo voy a hacer.

-¿Qué pone y qué pondrá?

-Pondrá Carla Delgado Gómez. Prefiero no decir el nombre actual.

-¿Se ha operado?

-Yo hablo por un colectivo. Nunca cuento si me he hecho la operación porque se trata de que todo el mundo pueda acudir a la sanidad pública a hacerse su reasignación de sexo o de que pueda cambiar el DNI aunque no se haya operado, porque los derechos de una persona no pueden pasar por una mesa de operaciones. Hay gente que no se opera porque no le da la gana, por salud o por inseguridad, porque quizá no vaya a obtener satisfacción sexual. Las personas somos lo que decimos que somos, y nadie va por la calle levantándose las faldas ni bajándose los pantalones.

-No decirlo también puede ser una manera de mantener el morbo.

-A veces nos preocupamos demasiado de la sexualidad y la genitalidad de las personas. Por una represión cultural y religiosa asociamos el sexo a los órganos sexuales. Te pongo un ejemplo. Una señora envió una carta contra el cura gay Mantero a un diario de Málaga donde decía: «Que mis hijos no reciban la comunión de ese sacerdote maricón. Vaya usted a saber a cuántos monaguillos habrá magreado en la sacristía». Perdemos mucho tiempo imaginando qué hacen las personas sexualmente. Si lo dedicáramos a que la gente se desarrollara en mayor libertad…

-Sitúa su pérdida de confianza en la institución católica durante su internado en un colegio de monjes. ¿Qué pasó?

-Pues te puedes imaginar lo que pudo pasar… Hoy lo puedes decir porque afortunadamente existe Internet y a pesar de todo lo que la Iglesia ha intentado tapar con un expediente que publicó la BBC y que fue emitido por el actual anticristo, Ratzinger, en los años 60, donde marcaba las directrices para que se ocultaran los casos de abusos sexuales de sacerdotes a menores.

Una huelga de hambre

-Volvamos a la ley. Dicen que es la más adelantada del mundo, pero ¿qué flecos quedan?

-Incluir a los menores y las personas extranjeras con tarjeta de residencia, porque muchas veces vienen huyendo de sus países y si aquí no les facilitamos la integración con un carné adecuado seguirán viviendo en la exclusión y la discriminación. Esta ley abre las puertas pero sólo muestra un camino lleno de piedras; hace falta mucha pedagogía social, que los niños sean educados en la diversidad y en el respeto a todas las maneras de existir de la persona.

-Tres de cada diez menores de 16 años bilbaínos creen que la homosexualidad es una enfermedad.

-Eso me dice que los mensajes del Foro de la Familia llegan también a la gente joven.

-Amenazó con una huelga de hambre si no se cumplían las plazos que el PSOE se había marcado con la ley. Al final no hizo falta porque se aprobó días después. Dicen que se adelantó a los acontecimientos.

-¿Qué va! Ahí están las hemerotecas. Había varios plazos que no se habían cumplido y existía la posibilidad de que esta ley no saliera. Así que anuncié la huelga de hambre y fue un detonante. Y no quiero hablar de yo, yo, yo, pero fue secundada de forma rotunda por un montón de colectivos transexuales. Después de muchas negociaciones y de una reunión con Zerolo se llegó al compromiso de que en unos días, un alto cargo del Gobierno anunciaría que antes del 30 de junio saldría la ley. Así fue.

-¿Acaso algún compañero la ha acusado de querer figurar?

-(Ríe) Si realmente hubiese algún ánimo de figurar, quedó claro que después de esa huelga de hambre quemé completamente mis naves, cualquier opción de entrar en el partido. Pero para mí eran mucho más importantes mis principios como activista transexual. Yo no podía salir a la calle y que me dijeran «nos has traicionado». La ley para los transexuales ha salido y que nos quiten lo bailao, a mí me da lo mismo cualquier situación de protagonismo y de figuración política ni de nada. Hemos estado luchando 27 años por esta ley, desde el 77 que me vi tirada en una calle, y eso lo vamos a ver en 2006.

-Pero es un hecho que no se la ha visto esta semana.

-Bueno, una huelga de hambre se paga. Pero yo soy de izquierdas, socialista, y no ha habido ningún gobierno como éste en la historia de la democracia donde se hayan acometido mayores avances sociales en tan corto tiempo.

-¿Qué les diría a los contribuyentes para convencerles de que debemos pagar los cambios de sexo, para convencer a los que dicen «por qué tengo que pagar un capricho»?

-No es un capricho, es una necesidad, y la sanidad pública es para todos. Todos contribuimos y si sólo vamos a pensar que nuestro dinero es bueno para las cosas que nos pillan de cerca nos convertimos en insolidarios y habría que romper la sanidad pública. Yo he tenido que darme de alta en autónomos por mi web, porque se daba una publicidad de información de sida a transexuales, y de 5.000 euros, entre autónomos y seguridad social, me han quedado en 1.600. He pagado 3.400 euros para todos los demás menos para mis necesidades. Pues mis necesidades han de ser también cubiertas.

-Se ha quitado de encima lo de la heredera de Bibi Andersen.

-Afortunadamente sí. Eso era en 1980, cuando salimos en el ‘Lib’ e ‘Interviú’ con reportajes de cuatro páginas. No he sido heredera de nadie y cada persona ha tomado su camino. Yo, el del activismo, y Bibiana, el del espectáculo, el glamour y el de no implicarse con los derechos de los transexuales.

Un físico agraciado

-Su físico le ha facilitado las cosas con respecto a otras mujeres que no tienen rasgos tan femeninos.

-Ser hombre o mujer no es tener un físico lo más parecido a hombre o mujer. Pero sí, mi físico me ha servido, no iban a ser todo desgracias. Si la vida te da limones, aprende a hacer limonada.

-¿Adoptaría?

-No.

-¿Está casada?

-No. Si me enamoro lo suficiente como para casarme, quizás. Las personas transexuales que tienen el documento cambiado se pueden casar desde hace mucho tiempo, un logro a golpe de sentencias. Nos pasamos media vida en los tribunales y un cuarto de ella en los quirófanos. Y, a veces, nos queda el otro cuarto para vivirla.

-¿Quién lo tiene más difícil, el hombre o la mujer transexual?

-Ambos, pero el machismo impera. Había una profesora trans de La Laguna que decía que estamos doblemente discriminadas por ser mujeres y trans, porque el imperio del falo castiga al hombre que deserta de su pene.

-¿Y qué diferencia hay entre una mujer trans y una hetero?

-¿Ah! ¿Gran error, gran error! Las mujeres transexuales son heterosexuales, pero también podemos ser lesbianas o bisexuales. Como mujeres que somos, existe la misma proporción que en el resto de la población de ser hetero, lesbiana o bi, el error de base es pensar que era un hombre y se convirtió en mujer. Esa persona nunca fue hombre, siempre fue mujer.

Y cantaban los Kinks: «Lola sonrió, cogió mi mano y me dijo: ‘Querido, te voy a hacer un hombre’. Y sé que no soy el tipo más masculino del mundo, pero sé lo que soy y me alegro de ser hombre, como lo es Lola». Ellos también se equivocaban. 

 

 

 

 

«Habrá niños educados en el odio que sean gays o trans. ¿Cómo crecerán?» -Habla en su autobiografía de su madre oculta la verdad a su padre y éste muere sin saber por qué la hija no lo ha ido a visitar.-Sí (se emociona).

-¿Qué echa en cara a la parte de su familia que la rechaza?

-Llegas a la conclusión de que no merece la pena la gente que odia y discrimina a los que no son como ellos. Son intolerantes y concluyes que has obtenido un beneficio al dejar de relacionarte con ellos. Yo rechazo a los fascistas y fundamentalistas; a Hitler, a Franco, a Pinochet, a Benigno Blanco…

-¿Y su madre?

-Es mi madre, tiene mucha edad y ya no intento cambiarla. Hemos llegado a un acercamiento, mi hermana ha sido la que más se ha esforzado para que todo fuera bien y ha educado a sus hijos para que sean tolerantes; ellos me adoran. Los hijos de otro hermano han sido educados en el odio a mi persona y a ésos no los veo. Fíjate en los impresentables de la manifestación del Foro de la Familia, que trajeron a Madrid a sus niños para protestar por los derechos de los homosexuales. Algunos serán gays o transexuales con una carga de culpa y vergüenza terrible, y a otros con 17 años los veremos con un bate de beisbol en una esquina rompiéndole el cráneo a un transexual.

-Dice que tuvo un sueño premonitorio con la muerte de su padre.

-Dentro de mil años, lo que hoy no se explica tendrá un razonamiento científico, se ha desarrollado poco la mente. Yo soy muy intuitiva, estoy pensando en una persona y me llama en ese momento. Pero no lo doy como algo paranormal. Y tuve un sueño, aunque pudo ser la carga emotiva porque mi padre estaba mal.

-¿Y si tuviera uno ahora para ver cómo estarán los transexuales dentro de 10 años?

-Las leyes estarán para protegernos, pero hay que luchar contra las transfobia, contra la exclusión para aquellos transexuales que, por su físico, no pasan tan desapercibidos. Me alegraría que llegara el día en que cueste imaginar un país donde los transexuales tenían que llevar DNI de hombres siendo mujeres. BREVE BIOGRAFÍA LAS OPINIONES DE CARLA ANTONELLI Nació en Güímar, un pueblo del sur de Tenerife, hace 47 años.Empezó estudios de Arte Dramático y Declamación, pero los tuvo que abandonar con 17 años, cuando se vio obligada a abandonar su hogar y marchó a la capital canaria.

Ha actuado en siete películas. En el estreno de ‘Hijos de papá’, casi se cae del susto: «Sí, era de Vizcaíno Casas. Ja, ja, cuando vi el montaje del director… Era la España en blanco y negro, la de los buenos y los depravados, y yo estaba en ese segundo grupo, claro. Y el protagonista, Antonio Garisa, ni se había enterado de que yo era transexual».

Desde hace años está ligada al PSOE como activista transexual.

Ahora se dedica a su página web, http://www.carlaantonelli.com, «que ha recibido ya la visita de cinco millones de personas». 

 

 

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