Identidad de Género

febrero 19, 2007

Historia de Johana – Una mujer transexual

Filed under: Uncategorized — titulado10 @ 9:11 pm

Juan, o Johana*, como se le conoce ahora. Desde la niñez, odió los trabajos rudos que le imponía la vida del campo. Pero por miedo a ser tildado de `gallina`, se enlistó en el ejército de Argentina, su país, donde como infante de marina participó en la Guerra de Las Malvinas, en 1982. Cuando el conflicto acabó, siguió en la milicia. Iba de fiesta con sus compañeros, pero se les escabullía apenas la juerga pasaba a los burdeles. No le atraía el amor físico. Quería encontrar una mujer para amarla de verdad. La encontró, se casó con ella y tuvieron dos hijas que hoy lo aceptan como Johana.

Antes de este relativo final feliz, la normalidad de la vida sexual de Juan se rompió el día en que la pasión entre él y su mujer se apagó. Se hicieron buenos amigos y en medio de esa decadencia matrimonial, se hizo marino de una naviera mercante. En ese ir y venir por varios países se transformó. Su pecho comenzó a inflamarse y su sexo se le atrofiaba. Un médico le dijo que ahora empezaban a aflorar en él los órganos femeninos con los que también había nacido. Se estaba convirtiendo en mujer.

Con la tragedia a cuestas, regresó con su familia, que tuvo que acostumbrarse a verlo vestido con ropa femenina. Sus hijas eran muy pequeñas entonces y no captaban la verdad de la situación. Pero en la pequeña ciudad donde vivían, el escándalo estalló y aquel ser intersexual, como se llama científicamente a su caso, se vio rezagado de los trabajos tradicionalmente masculinos que de todas maneras podía y debía realizar para sostener su hogar. Ni pagando `altas comisiones` a los contratistas pudo lograr un empleo. Su cabello largo y su busto incipiente sumían en el estupor a quienes lo vieron nacer como hombre.

Pese a todo lo que se hablaba de él en esos días, nunca tuvo amantes homosexuales, ni siendo hombre ni siendo mujer, aunque no fueron pocos los que se le insinuaron en sus viajes. Finalmente, su mujer lo abandonó. El golpe fue muy duro para él, quien encontraba en ella y sus dos pequeñas un tierno sentimiento que apaciguaba su tormento.

Resolvió volverse definitivamente mujer y, aunque satisfecho por ello, vio venir los tiempos más difíciles de su inusual condición. Como uno más en la gran ciudad de Buenos Aires, supo que tenía que someterse a una operación para quedar con un sólo sexo. El problema era que no estaban a su alcance los cinco mil dólares que costaba la llave para darle un respiro a su existencia. Luego de desfilar por fábricas, talleres, flotas de camiones y empresas donde logró emplearse como mensajero, Juan tuvo en su bolsillo el dinero para la intervención, que terminó multiplicándose por dos, con 18 meses de intervalo. Así, 15 años después de manifestarse en él su intersexualidad, pudo verse ante el espejo como una mujer llamada Johana.

Sin embargo, el telón de la tragedia no caía aún. “La gente es mala. Miles de pederastas son aceptados o perdonados. Miles de maridos llevan una vida homosexual oculta. Y a mí, que nunca fui promiscua ni me metí con niños, me tocó tragarme la rabia ante las burlas perversas y la censura”, relata.

“¿Es usted hombre o mujer?” Era este el interrogante de rigor cuando iba en busca de un nuevo documento de identidad. “Hay que ser lo uno o lo otro, pero no ninguno de los dos, ni los dos”, le explicaban con algo de sorna las decenas de funcionarios que tuvo que enfrentar, sin ningún resultado. Tampoco tuvieron éxito sus intentos de reintegrarse al lugar donde había nacido. Siempre le exigían probar que era una mujer de verdad y sólo a costa de insistir pudo emplearse, pero bajo la identidad de Juan.

 

 

Cansado de ser la atracción turística del lugar y el blanco de toda suerte de sarcasmos, volvió a la ciudad, donde lo esperaban complicadas historias de amor. En una floristería, conoció a su primer novio. El flechazo fue instantáneo, mas no se fue a la cama con él en la primera noche. “Cuando ese momento llegó, me entregué como toda una mujer, deseosa por primera vez de un hombre. Cuando la relación tomó vuelo, Johana decidió contarle a su enamorado la verdad. Él se resistió y la dejó. Después vinieron unas cuantas experiencias más que estuvieron a punto de terminar en boda. Como sus papeles no estaban en orden todavía, ella dilataba el compromiso, lo que terminaba por desilusionar a los galanes. Ya madura, identificada oficialmente como Johana, sigue esperando la aparición de un hombre con quien compartir “una experiencia franca y pura”.

Mientras, conturbada no pocas veces por los fantasmas del pasado, suelta su melena al viento y sale a perderse por las calles, a confundirse entre esa multitud a la que ruega desde el silencio que acepte su nuevo sexo, que respete a la verdadera fémina que hoy es y será hasta que muera.

Johana es una de las pocas transexuales que se atreven a dar su impresionante testimonio. De acuerdo con Velandia, personas como ella se niegan a crear condiciones para ser estigmatizadas. Además, como su situación hace parte de la intimidad, hacerlo público requiere preparación y asumir unos riesgos que no siempre están dispuestas a correr. Lo dice él, que por el sólo hecho de declararse como un hombre homosexual y por su activismo, sufrió un atentado con granada. Lo asegura gracias a los miles de testimonios que ha recogido como filósofo, sociólogo e investigador. Y lo confirma mucho más luego de conocer casos en que la guerrilla o el paramilitarismo desterraron de sus ciudades a ciudadanos que optaron por vertientes sexuales que confrontan a la tradición.

Más probable es oír las voces de un homosexual, de una lesbiana y especialmente de un travesti o un transformista, ya que estos dos últimos comportamientos implican de cierta manera una tendencia al exhibicionismo. Antes de seguir, es conveniente aclarar en qué consiste cada una de estas opciones.

Como lo explica el experto, cuando se habla de orientación sexual se habla de homosexualidad, lesbianidad, heterosexualidad y bisexualidad. Desde el punto de vista del cuerpo, hay machos, hembras e intersexuales, es decir, sujetos con genitales tanto de hombre como de mujer, donde se puede incluir el caso de Johana.

Si se aborda el tema por el lado del género surgen lo masculino, lo femenino y los tránsitos identitarios de género de lo femenino a lo masculino, de lo masculino a lo femenino y de vertientes intermedias, como la androginia.

La relación entre cuerpo, sexo y género también suscita posibilidades. Allí se enmarcan los transexuales, o personas que quieren cambiar la anatomía del sexo con que nacieron a través de cirugías. En Colombia, estos casos son “más frecuentes de los que la gente quisiera aceptar, pero mucho menos frecuentes de lo que debiera ser, si realmente buscamos ciudadanos realmente felices”, al decir del investigador colombiano. Por su parte, el sexólogo y cirujano chileno Eduardo Salas afirma que por cada diez hombres que se someten a este procedimiento, una mujer lo hace.

La baraja se extiende cuando se trata de maneras de obtener placer. Ayer eran conocidas como parafilias y mucho antes como aberraciones. Hoy se les llama científicamente `expresiones comportamentales sexuales`, para liberarlas de esa carga peyorativa. En la escala de Kinsey, explica Velandia, esas expresiones van de 0 a 6 y son comunes a todos los seres humanos. “Todos tenemos algo de sádicos y de masoquistas, de exhibicionistas, de voyeristras”, agrega.

Tales fuentes de placer incluyen a las relacionadas con el vestido. Los fetichistas disfrutan con un brasier, unos calcetines masculinos o unas bragas. Allí tienen su lugar también los travestis, que gozan luciendo prendas y accesorios considerados femeninos. En ese grupo se ubica Daniela*, quien de cierta manera también es una transexual que ofrece sus favores en las calles del norte de Bogotá

 

 

 

1 comentario »

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